15.6.07

EL ENTERRADOR - Ulises Juárez Polanco

Arrojó con la pala sarrosa el último puñado de tierra acompañado de una señal de satisfacción. "Un ataúd más y el trabajo del día termina". El viejo se limpió el sudor de su frente y la tierra acumulada en sus manos. Al menos. La tierra se quita, el reuma permanece.

Se sentía orgulloso de su último trabajo: quince minutos era un nuevo récord. Alegrado por esta anormal eficiencia, rompió la regla de no conocer al cliente. Optó por una rápida revisión del desafortunado, apenas un leve pellizco de curiosidad y, levantando suavemente la tapa del féretro, observó – miró – observó – miró – cayó de espaldas. Revisó la orden de entierro y verificó lo que sus ojos no creían. Su nombre, en tinta de olvido, atrapado sin salida en la hoja de papel. Había muerto la madrugada de ese día, pero eso no importa, la vida es transitoria y la Iglesia ordena: letum non omnia finit...

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© 2007, Ulises Juárez Polanco

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3 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gusta mucho este cuento. El reuma que no abandona al viejo aún en la muerte de la que sabremos después, la curiosidad inexplicable que lo empuja a conocer su nuevo estado, estado eterno, tal vez indeseado, la preservación en la tinta de este cuento de una escena que se repetirá con cada lector, la tragedia humana que no termina ni con esa última palada.

::Drago-->

Songo dijo...

Magistral, Ulises...
Allende Lovecraft y Poe...

Ulises dijo...

¡Gracias Drago y Songo por los mensajes de aliento y a a José Luis, por el espacio brindado!

Los invito a que se den una vuelta por mi página, www.juarezpolanco.com :)