15.6.07

LA SENDA DE OKU - Minipresentación, edición #7

El haiku es una forma poética muy breve, originada en Japón en el siglo XVI, cuyos orígenes se remontan a formas clásicas de la poesía de ese país y que desde inicios del siglo XX ha influenciado a gran cantidad de poetas occidentales.

Tradicionalmente, el haiku es un poema hecho de tres versos de 5, 7 y 5 sílabas y una pausa implícita o explícita, entre dos de los versos. Puede variar, pero la forma clásica sólo tiene 17 unidades fónicas. Como el soneto, es una forma muy rígida. Sin embargo, su ejecución es más difícil por su extrema brevedad, en la que el autor debe encerrar completo un sentimiento, un paisaje, una duda, una anécdota, una sensación. Una sensación completa, como la entiende el japonés: aquella que se percibe con el corazón, la mente, las entrañas y todo nuestro ser. La sensación que el buen haiku debe llevar al lector a generar en su interior a partir de la lectura, que no dice todo, sólo sugiere.

El maestro japonés Matsuo Basho (de quien Octavio Paz tradujo un libro completo en 1956, "La senda de Oku") dice que "un haiku es simplemente lo que está sucediendo en este lugar, en este momento".

En fin, como todo arte, como todo, la mejor manera de entenderlo es conocerlo. Para ello, empezaré recomendándoles a los padres del haiku en el siglo XVI, Arakida Moritake y Yamazaki Sokán. Del siglo XVII, recomiendo a Matsunga Teitoku, Nishiyama Soin, Matsuo Basho (considerado el más importante autor de este género), y sus discípulos, entre los que destacan Enamoto Kikakyu, Hattori Ransetsu, Mukai Kyorai y entre otros. En siglos posteriores, para mí se destacan Yosa Buzón, Issa Kobayashi, Masaoka Shiki y muchos más.

En occidente, aunque no practicaron el haiku clásico de la definición, estuvieron muy influenciados el inglés B. H. Chamberlain; el estadounidense Ezra Pound; el francés Paul Louis Couchoud (y, con la cultura de Japón, toda la Francia de principios de siglo); Afranio Peixoto en Brasil y, en nuestro idioma, los españoles Juan Ramón Jiménez, Luis Cernuda, Antonio Machado, Federico García Lorca y Rafael Alberti; el ecuatoriano Jorge Carrera Andrade; los mexicanos José Gorostiza, Xavier Villaurrutia y, como no, quien más se le acercó a esta forma, José Juan Tablada que lo practicó, aunque variando la forma original.

En castellano, lo practicaron en la forma clásica el mexicano Octavio Paz, el uruguayo Mario Benedetti y el argentino Jorge Luis Borges, que escribió al final de su vida el libro "La cifra" dedicado a esta forma (aunque antes, en "El oro de los tigres" había publicado algunas formas japonesas de poema, no precisamente haiku).

Por último, quiero compartir algunos trabajos con ustedes, aparte de los dos finos haiku seleccionados para minitextos hoy. Sin ser ésta una selección exhaustiva y sin un orden especial, los siguientes son, a mi criterio, algunos buenos ejemplos:

Quietud:
los cantos de la cigarra
penetran en las rocas.
—Matsuo Basho

Un viejo estanque:
salta una rana ¡zas!
chapalateo.
—Matsuo Basho

La rama seca
un cuervo
otoño-anochecer.
—Matsuo Basho

Primera escarcha:
miro de lejos
a la grulla enferma.
—Yosa Buson

Sobre la campana del templo
posada dormida
¡una mariposa!
—Yosa Buson

Cima de la peña:
allí también hay otro
huésped de la luna.
—Mukai Kyorai

Para el mosquito
también la noche es larga,
larga y sola.
—Kobayashi Issa

¡Ah, el mendigo!
El verano lo viste
De tierra y cielo
—Enamoto Kikaku

Luna de estío:
si le pones un mango,
¡un abanico!
—Yamazaki Sokán

(Éste de Sokán inspiró a Machado a escribir, aunque no haiku: A una japonesa / Le dijo Sokán: / con la luna blanca / te abanicarás, / con la luna blanca / a orillas del mar.)

Trozos de barro:
por la senda en penumbra
saltan los sapos.
—José Juan Tablada

Sobre la arena
escritura de pájaros:
memorias del viento.
—Octavio Paz

Hecho de aire
entre pinos y rocas
brota el poema.
—Octavio Paz

Tronco y paja:
por las rendijas entran
Budas e insectos.
—Octavio Paz

La vasta noche
no es ahora otra cosa
que una fragrancia
—Jorge Luis Borges

Una campana
tan sólo una campana
se opone al viento.
—Mario Benedetti

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En este número dedicado al haiku, tengo el honor de presentarles a tres poetas: Gloria Young y Gorka Lasa, de Panamá, y Radamés Esteban Buffa Ferrari de Uruguay. Igualmente, me complace presentarles los cuentos de Yolanda Ríos de Moreno, Mexicana residente en Panamá y de Ulises Juárez Polanco, primer autor de Nicaragua que aparece en estas páginas (aunque en fila para publicar, muy cerca, hay otro). De ellos, debo comentar que Yolanda Ríos de Moreno es autora de cuentos infantiles, mientras que Juárez Polanco, además de ser un narrador perteneciente a la generación más nueva de autores de su país, es un dedicado editor. Por otro lado, Gloria Young nos ofrece un hermoso poema sobre el amor, Radamés Esteban Buffa Ferrari nos ofrece un haiku clásico y Gorka Lasa, declarado orientalista, nos regala una variante de la misma forma poética japonesa.

En verdad, espero que les guste la selección de esta semana tanto como la he gozado yo.

JLRP, editor.

8 comentarios:

Kat dijo...

Delicioso, me encanta... de allí nace el cadaver exquisito lo unico que se usa la regla 5-7-5-7-7.

Abrazos.

Songo dijo...

Así es Kat, así es José Luis.
Exquisita presentación nos traes!

José Luis Rodríguez Pittí dijo...

Conocí el haiku por una presentación que me hizo Octavio Paz. No en persona, aunque no importa, pues fue personalmente cara a página, a través de un ensayo que me llevó a buscar su traducción de la Senda de Oku. Nunca la encontré, pero en el camino aparecieron muchos haiku. Ahora el internet facilita las cosas... En fin, me fascinó la manera en que con pocas palabras el autor del haiku sugiere una situación, una sensación, una alineación cósmica de eventos irrepetibles, y cómo el lector reconstruye el sentimiento, la sensación que queda, con esas pocas instrucciones. De eso está hecho el cuento, el poema breve. De eso quiero que esté hecha esta página.

Anónimo dijo...

Fui a Ocú el primer domingo de cuaresma de este año. Venía de Atalaya (aunque me desvié antes a comer mariscos con cerveza en Montijo). Atravesé el pueblo y subí a Las Minas, seguí de largo por la cadena de hermosas montañas y colinas que pueblan el centro de Azuero, el corazón de Herrera. Hablé con la gente curtida de sol, de labor en el campo, de vida y experiencia. Llegué a Pesé y pensé en Viernes Santo, primero, en seco y caña de azucar, después. Seguí hasta Chitré, casi sin gasolina que, por un descuido, no tomé antes de partir. Llegué a Chitré acompañado de la música del totorrón insistente, del sapo en la laguna enamorado de aquello en verdad importante, de un hombre salomando a lo lejos...

Era final de verano: la brisa fresca del norte, las colinas coronadas de amarillo, el cielo perfectamente azul de esquina a esquina, esa gente amable y hermosa sentada en taburetes en el portal que aún tienen las casas, el sol poniéndose del lado de Veraguas.

Creo que es el momento de hacerlo: La senda de Ocú, lo más bello del mundo...

::DRAGO-->

José Luis Rodríguez Pittí dijo...

No es mala idea escribir algo así sobre lo remoto del centro de Herrera: La senda de Oku es un libro de viajes, en el que la narrativa acompaña al poema haiku como el oro engarza al diamante. Según Paz, Oku es una región al norte del Japón, indefinida, lejana. Nunca tradujo el término (cómo sí se ha hecho posteriormente en otros idiomas), pues en lo exótico del nombre para los hispanohablantes quedaba la sensación de la montaña remota, el sitio desconocido, aunque no olvidado.

Gorka Lasa dijo...

Apreciado José Luís, agradezco la mención que haces de mi obra en tus blogs. Una gratitud humilde por el favor inmerecido, al verme rodeado de escritores de tanta talla y calidad como son Gloria Young, Yolanda Ríos, y el resto de los que componen esta edición de minitextos. He disfrutado todos los segmentos semanales en sus brevísimas profundidades, pero este, el numero 7 me ha causado particular ligadura y deleite. No solo por figurar en su secuencia, sino por mi pasión por lo oriental. El haiku es siempre la ratificación de lo invisible en lo visible, la delicadeza de su estructura habla del estado del que observa lo presente. ¿Quién ve su reflejo en el agua? solo el ser mirando lo inmanente, habitando el aquí y el ahora. Un abrazo compañero.

Songo dijo...

Aquella senda de Ocú, entre los ríos Conaca y Señales, puente natural entre Chitré y Santiago, Comarca de manitos, de duelos, tamarindos, honor y tamborito.
Del pantalón chingo y la saloma gorgogoreá.

Anónimo dijo...

Jose Luis,
tuvé una enamorada japonesa por tres años.
un día desaparecio, pero emdejo ese poema que citas en tu blog:
Sobre la rama seca
un cuervo se a posado
Tarde de otono"
quisiera saber que significa este poema, hay un mensaje en ello?
qué debería sentir al leerlo? yo nunca he sido muy inclinado a la poesía pero quisiera aprender
gracias
Henry

henrybrutal@hotmail.com