13.7.07

NUNCA ES TARDE CUANDO LA DICHA ES LONGA - Juan Carlos Vecchi

A la Pucha...

Ceferino Gordini y Ezilda Esilda, ambos jubilados y oriundos de Santiago, el querido y adorado del Estero, contrajeron nupcias en el año 1988 habiéndose conocido en el año 1900. Tuvieron lo que se dice, un maratónico noviazgo de 88 años, a partir de aquellas dulces señales de humo que intercambiaron, durante una protesta regional contra los abrazos y miradas encendidas en épocas de sequía.

En el transcurso de la ceremonia religiosa, él tenía en su haber 111 años y ella le ganaba por varios cuerpos de momia meditando. Estudios posteriores realizados en la Universidad de Santiago del Estero, señalaron que Ezilda aún conservaba un 25 por ciento de sus archivos, al momento de cortar la torta de boda con un serrucho eléctrico; del almacenamiento sobreviviente podemos destacar los siguientes contenidos: tejido toba con agujas de reloj pulsera, una receta de la abuela Erika (empanadas germanas), la imagen de Ceferino persiguiendo una mulita a campo abierto (su amor corre a pesar de la incomodidad que le produce el traje planchado con almidón y la capelina tipo Mary Poppins que lleva sobre su cabeza), y un par de ideas a discutir con el helecho serrucho del jardín. Se detectan en Ezilda algunos archivos temporales (formato .doc), sobre cómo caminar con los ruleros puestos cuando los vientos superan los 120 kilómetros por hora. Asimismo, se recupera un archivo perdido que corresponde al 16 horizontal del crucigrama publicado en el diario local, con fecha 21 de mayo de 1957. Por último, una prueba con Carbono 14 señala que la perseverante mujer tiene 133 años.

—¿Se imagina un perro de 931 años? —le pregunta uno de los investigadores, pero Ceferino finge no haberlo escuchado.

A la pregunta fundamental del oficio matrimonial, mientras los padrinos apuntalaban con vigas de madera a los enamorados, a fin de evitar un posible derrumbe de la mermada pareja*, y la madrina, con el dedo pulgar hacia arriba, confirmaba que ambos seguían respirando, Ceferino contestó con encorvado esfuerzo:

—¿Cof? ¡Cof! —tosió y el doble gesto de sus pulmones fue asumido como un "sí".

A su turno, Ezilda, bajó en cámara lenta sus párpados de argamasa y luego, entre una serie interminable de gases, eructos y ronquidos, logró despedir un dulce y festejado silbido:

—Fffiiiuuu... —silbó la enamorada y al toque sonaron las campanas su bendito "talán talán talán".


* (N. del A.): En un primer borrador escribí "mermelada pareja", considerando el calor sofocante durante la boda, pero mermelada no es adjetivo. Y cuando es de durazno, además de sustantivo, es rica.


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© 2007, Juan Carlos Vecchi.
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4 comentarios:

Songo dijo...

Humor y exageraciones que retan al lector y ponen como elásticos a su testa.
Juanca, te saludo!

Juanca dijo...

Hermano Songo, compadre...

Gracias por tus palabras y alegrome que te haya gustado.

Abrazo fraterno del Juanca.

Anónimo dijo...

Me ha gustado más su relato que la mermelada de durazno, compadre Vecchi. Creo que usted haría reir a la momia de Thutankamón si se le pone delante y no hay vigilantes del Museo del Cairo a la vista.

Te saludo, ave Juanca

Juanca dijo...

Hola y gracias, querido Manolo.
Intento superarme, che... falta Atila y la Margaret tacher jeje.
Abrazo y gracias.
Juanca.